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Opinión | La FIA no debe cambiar el reglamento por el porpoising

La FIA podría intervenir de oficio para acabar con el famoso rebote de los monoplazas si considera que existe riesgo para la seguridad de los pilotos.

Es el gran problema de muchos monoplazas en lo que va de temporada. El porpoising, balanceo, marsopeo, bouncing o bottoming, como lo quieran llamar. La cuestión es que los coches de Fórmula 1 actuales botan tanto que las consecuencias ya se empiezan a notar a nivel físico. Las imágenes de Hamilton y Ricciardo bajando del monoplaza con dolores de espalda evidentes en el GP de Azerbaiyán son la máxima expresión de las consecuencias del rebote endiablado de estos coches.

Hay voces que ya señalan el porpoising como algo peligroso para los pilotos y piden soluciones a la FIA. Toto Wolff, Russell y Hamilton son los más beligerantes en este sentido. Saben que el Mercedes es el que más sufre el rebote y no están dispuestos a perder una sola décima levantando el coche a cambio de perder algo de rendimiento. Al menos en Mercedes, prefieren poner en riesgo a sus pilotos antes que perder alguna décima. Quizá esa sea la verdadera cuestión.

Después de ocho carreras, muchos equipos siguen sin encontrar soluciones al porpoising. Más allá de Mercedes, los problemas se reproducen en Ferrari, McLaren, Haas o Alfa Romeo. Solo Alpine y Red Bull parecen tener el rebote medianamente controlado. Si lo visto en las calles de Bakú se reproduce en Canadá, Austria y citas venideras, es posible que la FIA tome cartas en el asunto.

Las dos únicas soluciones que puede plantear el máximo organismo automovilístico son establecer una altura mínima del monoplaza con respecto al suelo o obligar a aumentar la dureza de todos los monoplazas para minimizar el rebote. Sin embargo, son dos cuestiones que los equipos podrían implementar por sí mismos. Si nadie quiere perder una milésima por culpa del porpoising, lo que deben hacer los equipos es continuar investigando. Si Red Bull y Alpine han conseguido casi erradicarlo sin perder ritmo, el resto también puede hacerlo.

Lo que no resulta lógico es que la FIA entre de oficio a perjudicar a quienes sí han hecho el trabajo necesario para acabar con el rebote, premiando a quienes no están dispuestos a elevar un solo milímetro el monoplaza. En todo caso, si la FIA debe tomar alguna determinación al respecto, no es otra que obligar a los equipos a salvaguardar la integridad física de sus pilotos tomando las medidas necesarias. Si las espaldas de Hamilton o Ricciardo no sobreviven a una carrera con porpoising, son los equipos los responsables de elevar el coche para minimizar el daño al piloto o, incluso, de cambiar al piloto si así lo consideran.

La FIA ya intervino con el peso mínimo de los monoplazas, elevándolo de 795 kilos a 798. El gran perjudicado entonces fue Alfa Romeo, que terminó aceptando la medida, aprobada finalmente por unanimidad. Esta vez no habrá posibilidad de unanimidad. Mercedes busca la exageración en sus declaraciones para obtener un cambio de reglamento de oficio por parte de la FIA, solo posible si existe riesgo para la seguridad de los pilotos.

La clave aquí es que la solución está en manos de los propios equipos. Son ellos quienes tienen que elevar el monoplaza si lo necesitan mientras buscan soluciones al rebote. La FIA no debería intervenir bajo ningún concepto cuando se trata de un problema que no afecta por igual a todos los equipos. Sin embargo, mucho me temo que la FIA intervendrá de oficio. El alarmismo, según de quien venga, siempre termina funcionando. No es lo mismo una queja de Hamilton que una de Latifi. Ya lo hemos visto con los piercings. Esa es la triste realidad. Tiempo al tiempo.

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